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Todos los días el hombre (2)

Ayer bebí, y mientras bebía hablé de mi impotencia, confesé mi orfandad y mostré mis manos que nunca tienen nada, salvo el corazón de Ligia. Yo le quité el corazón porque era la única mujer capaz de amar a un poeta pobre. La besé, la tendí en medio de las horas y fui señor de la fiesta,            de aquella hoguera azul... Ayer bebí, y mientras bebía le di un puntapié al                                         (hombre responsable, caí de bruces, miré por última vez el sol y en mis manos que nunca tienen nada           continuaba el corazón de Ligia. 1975