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Yarken

Cuando sólo era un peñasco prominencia oscura y siempre, monotonía recortando el cielo. Cuando la sal y las gaviotas no perdonaban mi antipáramo y competía yo con graznidos de roca, con rugidos más salados y constantes, cuando el abandono de las algas, cuando la falta de quillangos, cuando la impertinencia de los vientos, cuando ya no daba más, Ana, cuando ya no daba más, encontré tu cántaro de luz.