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Tercer regreso

Agónico fuego de la tarde, triste, sediento; camino despedazado, viento de luna, nocturno pájaro tenue, obelisco de lo fugaz, filosa piedra de rápido golpe. Aquí estoy. He llegado hendiendo el silencio de estas calles, horadando con mi sombra cada pecho de aquellos hombres ya idos. He emergido sin saber el momento, -musgo olvidado- sucumbiendo ante la estricta medida del dolor y la nostalgia, perdiendo batallas, escapando a mis manos, derribando tiempos hasta llegar a ti, espuma de soledades, y gritar desde mi subterráneo silencio que no hubo nunca un adiós, que mis manos no conocieron nunca el vuelo de una despedida.