📜
Poema.es

Bajo continuo

                                                                                                    A Marta Cwielong La tarde parece andar morosa en el Torreón del Monje luego un lago lejos lujo del verano en el rosal solitario calle abajo varilla de ámbar encendida por el mar cercano y rumoroso y arriba vaho y vida entre los músculos olor salobre áspero. La tarde parece patinada en ocre por un fogoso foco que espléndido circunda el círculo lunar más allá de la escala que espera para alzar su vuelo sin un rumbo estable subida al velamen de los barcos. Cerca un chiquillo solitario el sueño suave la cara sucia tristeza en la fotografía de la adolescente con sombrilla de encajes y pamela blanca y un caballo galopando al conjuro liviano de los bosques su espíritu herido de morado en la serena blandura de la arena. Lo salvaje del caballo se estremece se asoma a una casi noche enrojecida donde debiera lucir el arcoiris para esta joven que mira desde un pasado sin retorno. Dónde habrán ido sus criterios dónde sus contradicciones porque bien pudo compartir el rígido ritual de la mesa familiar y hacer secretamente el amor a la hora de la siesta al amparo de los árboles del parque del agua clara saltarina de la fuente en un ?palacio entre luz humosa.? Es posible también que haya celebrado su boda ante un altar abarrotado de figuras a veces valiosa presencia de lo artístico siempre inútiles y ser una elegante dama en Buenos Aires, Londres o París aunque su cuerpo se ha desintegrado igual con la custodia de un ángel de mármol de Carrara comprado carísimo en Italia. Perdió de todos modos la burbuja del misterio lloró de todos modos la huida del misterio al entrar en los sueños dulces turbios que en las mañanas se deshacen. Fue ciertamente hermosa y quizá murió muy joven o quizá soportó la ancianidad cegando el cristal de sus espejos. ¿Su libro preferido habrá sido la romántica historia de María? Por qué la taiga si hasta ayer parecía florecer la primavera prometiendo sembrar un ramo de jazmín sobre sus párpados ¿Tal vez pudo internarse en la profunda y bella fronda de La Sonata a Kreutzer? Es posible que en algún momento un ojo zarco detrás de los azogues espesa tundra interna demiurgo en sí haya escuchado el latido del océano presumiendo apresurando la certeza de que no había demasiadas diferencias salvo una simple y lineal cuestión de circunstancias con aquella muchachita marchita y tan callada a quien le regalaba sus prendas de interior algunas de sus blusas algunas de sus faldas y sus zapatos viejos. Su sola transparencia cardo ancestral perdida zarzamora sólo puede mirar el andar bullicioso las madrugadas asomada al paredón interminable de la Recoleta. Es posible sí imaginar en ese rostro terso de la adolescente fotografiada con sombrilla de encajes y pamela blanca rojas ramas en el roble que sostienen la saliva volátil de los vivos la soledad esteparia de los muertos aunque la magnitud del tiempo se pierda sin consuelo en la zona movediza de un desierto fugaz donde la historia de cada historia personal se esfuma en la hora del estruendo sin estruendo en la hora del silencio con silencio en los bordes imprecisos de la noche madrugada al caer mientras los arbolitos de la calle están sin sus tutores esqueletos de hierro pintados sin imaginación de negro basural de latas vacías de cerveza o coca cola. Tristeza galope fantasmal en la fotografía de la joven que alguna vez caminó por las mismas veredas que nosotros pura transparencia hoy su rostro a pesar de la bella sombrilla de encajes y la pamela blanca.