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Después que acabó Belardo

Después que acabó Belardo de distribuir sus bienes, estando presente Filis por cuya causa padece, mandó que su testamento segunda vez se leyese, porque quiere confirmallo por si desta vez muriese; dijo, después de leído: «?Pido a Filis, si quisiere, que después de sepultado jamás de mi no se acuerde, porque podrá su memoria a aqueste siglo volverme, a recebir por un gusto dos mil desabridas muertes; que se olvide de mi amor, aunque mi amor no merece, por ser amor verdadero, paga tan torpe y aleve; y que se olvide también que me dijo muchas veces: "Belardo, si te olvidare cielos y tierra me dejen"; y que rompa por su gusto los desdichados papeles do la descubrí mi pecho, o por mejor, que los queme; y que no tenga memoria de los pasados placeres, de que fue Belardo autor, porque después no le pese. Que se olvide de mis cosas, pues que la enfadaron siempre, y que se acuerde que dijo: "Belardo, vivo con verte". De aquesto tenga memoria, que pues vivía con verme, no ha sido razón de amor a tanto extremo traerme?». No puede la bella Filis disimular, aunque quiere, el amor mucho que brota de lo que en el alma tiene. Sin querer lo han descubierto unas lágrimas que vierte de su lastimado pecho adonde amor vivió siempre. Llorando llegó al pastor, y como el pastor la siente, procura recebilla en el alma antes que llegue. Y levantando sus brazos espera ver lo que quiere, y las lágrimas suaves lengua y palabras detienen; y estando las lenguas mudas bien por los ojos la entiende Belardo que dice Filis: «Tuya soy mientras viviere».