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Campos de Diana

La caravana de los días pasa con sus falsas ocupaciones. Busco otra manera de preguntar por esa facilidad, de decir sencillamente la grandeza del ínfimo equipaje del hombre. Y no hallo más cosa que contar esta historia de una semilla ciega que no subió al carro de Diana. * Mínimo mundo, el que brota cuando buscamos más allá de nuestras manos entrelazadas en el segundo eterno de la sal. Eres el grano perdido en el delirio de gigante que tiene el mar. Mínimo mundo, y sin embargo, ¡tú soportas en los hombros la esperanza! * A los anuales ritos de Diana no concurrió hoy la esfera. Rota es la magia diminuta. Roto su navío, cuando jugaba a contar gaviotas. ¿Qué palabra hay para cuando amanezco arrojado de las puertas del mundo? * Lo que me queda es la ciudad que me persigue. Se introduce en mis venas como extraño deliquio de la destrucción. Mis palabras no logran irse con el aire. No soy el que propicia levaduras, el que panifica el silencio. Tan sólo me describe el temor al acantilado.