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EN LA MUERTE DE DOÑA GUIOMAR DE SA

Pálida restituye a su elemento Su ya esplendor purpúreo casta rosa, Que en planta dulce un tiempo, si espinosa, Gloria del Sol, lisonja fue del viento. El mismo que espiró suave aliento Fresca, espira marchita y siempre hermosa; No yace, no, en la tierra, mas reposa, Negándole aun el hado lo violento. Sus hojas sí, no su fragancia, llora En polvo el patrio Betis, hojas bellas, Que aun en polvo el materno Tejo dora. Ya en nuevos campos una es hoy de aquellas Flores que ilustra otra mejor Aurora, Cuyo caduco aljófar son estrellas.