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Vuela, pensamiento, y diles

Vuela, pensamiento, y diles A los ojos que te envío Que eres mío. Celosa el alma te envía Por diligente ministro, Con poderes de registro Y con malicias de espía; Trata los aires de día, Pisa de noche las salas Con tan invisibles alas Cuanto con pasos sutiles. Vuela, pensamiento, y diles A los ojos que te envío Que eres mío. Tu vuelo con diligencia Y silencio se concluya, Antes que venzan la suya Las condiciones de ausencia; Que no hay fiar resistencia De una fe de vidrio tal, Tras de un muro de cristal, Y batido de esmeriles. Vuela, pensamiento, y diles A los ojos que te envío Que eres mío. Mira que su casa escombros De unos soldados fiambres, Que perdonando a sus hambres Amenazan a los hombres; De los tales no te asombres, Porque, aunque tuercen los tales Mostachazos criminales, Ciñen espadas civiles. Vuela, pensamiento, y diles A los ojos que te envío Que eres mío. Por tu honra y por la mía, De esta gente la descartes, Que le serán estos Martes Más aciagos que el día; Pues la lanza de Argalía Es ya cosa averiguada Que pudo más por dorada Que por fuerte la de Aquiles. Vuela, pensamiento, y diles A los ojos que te envío Que eres mío. Si a músicos entrar dejas, Ciertos serán mis enojos, Porque aseguran los ojos Y saltean las orejas; Cuando ellos ajenas quejas Canten, ronda, pensamiento, Y la voz, no el instrumento Les quiten tus alguaciles. Vuela, pensamiento, y diles A los ojos que te envío Que eres mío.