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Catástrofe en la cocina

El silbato de las hirvientes jarrillas rompe el silencio oloroso a cebolla en las limpias y pacíficas cocinas que se llenan de su música arcaica de viejo ferrocarril en miniatura. Las jarrillas de silbato han sido hechas para aquellos que olvidan siempre apagar la hornilla, como yo, para preocupación tuya. Hoy, estrené la jarrilla esmaltada de rojo y asa negra que confiados compramos ayer para evitar catástrofes frecuentes por mis constantes olvidos. Al principio fue sólo su &quotgor-gor' suave como ronronear de gato el que cautivó embelesada. luego, fue su agudo silbato -imperioso y mágico- el que hizo irrumpir en mi cocina sobre los rieles del ensueño, oloroso a caña y cintronela, el verde campo de la costa con sus sembrados de milpa y banano. El paisaje parpadeó veloz por las ventanillas del ruidoso tren de negra y humeante locomotora que me llevó -adolescente en vacaciones- entre campanas, banderazos y olor a petróleo hasta la vieja estación del pueblo de mi abuela. Y así, sobre la locomotora roja y negra de mis sueños alucinada por el silbato de mi nueva jarrilla me olvidé, otra vez, -para desesperación tuya- de apagar la hornilla.