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Tras los adioses últimos

Tardes alcanforadas en vidrieras de enfermo, tras los adioses últimos de las locomotoras, y en las palpitaciones cardíacas del pañuelo hay un desgarramiento de frases espasmódicas. El ascensor eléctrico y un piano intermitente complican el sistema de la casa de 'apartmentes', y en el grito morado de los últimos trenes intuyo la distancia. A espaldas de la ausencia se demuda el telégrafo. Despachos emotivos desangran mi interior. Sugerencia, L-10 y recortes de periódicos; ¡oh dolorosa mía tú estás tan lejos de todo, y estas horas que caen amarillean la vida! En el fru-fru inalámbrico del vestido automático que enreda por la casa su pauta seccional, incido sobre un éxtasis de sol a las vidrieras, y la ciudad es una ferretería espectral. Las canciones domésticas de cocos a la calle. (¡Ella era un desmayo de pretigios supremos y dolencias católicas de perfumes envueltos a través de mis dedos!) Accidente de lágrimas. Locomotoras últimas renegridas a fuerza de gritarnos adiós y ella en 3 latitudes, ácida de blancura, derramada en silencio sobre mi corazón.

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