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Nada, ni siquiera la vergüenza...

Nada, ni siquiera la vergüenza, cambia una verdad ya terminada. Es la limpísima llanura en mate de los puzzles acabados veinte veces. Por eso, nada. Ni un pelo de punta ante las fotos reveladas con retraso. Nada, aunque oiga sobre ellas pasos de gatos y de otros animales que no salieron. Ya es mía, y para siempre esa boca con sonrisa y con dos o tres ratones quietos. Si al menos hubieras sido una de todas las que fuiste hambrienta.