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Poema.es

Quimera

No se habló nunca más de la ciudad el padre la enterró viva lustros antes de que desfallecieran todas su casas al unísono y un polvillo de cal y de pigmentos acres entró por el ojo taladrado haciendo estragos en la imagen añicos las palabras alguna vez de pronto resurgía trocando sus volúmenes en la aricia pendular de un barco o una senda entre dunas por la que se buscaba a alguien a una abuela extraviada por ejemplo o en cuartos de penumbra con persianas es ascuas y puertas invisibles (afuera la canícula imitaba las granadas maduras) y el nuevo hogar/hotel de solitarios/ un nido de pieles de cebolla transparencia de ópalo que éramos expuestos y encerrados en el cáliz de sangre: cada cual a beber el zumo destilado del sueño cada cual a sortear su novatada en el foro cada cual a estrenar sus fieras nupcias con la noche o bien la divisaba agónica flotando a la deriva zurcida por tenue hilo de luz a otros fragmentos de isla y en cierto ocaso me fulminó de lejos cual circe envejecida cuando aspiraba al alba el aire tropical en lo alto de una terraza de aeropuerto (desde entonces he tenido y perdido muchas casas) la he vuelto a ver de cerca la he mirado a los ojos pero al girar la espalda hasta una nueva cita indeleble su memoria en mi cuerpo no quedó ni una huella de mí sobre su suelo no se grabó mi nombre nadie aguarda mi voz.