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Poema.es

Sin domingo

Era de granizo el verde derramado junto a la blancura el pájaro de hielo. El cielo nace al hombre atento que mueve el pan nerviosamente, lanza migas, borra la pregunta y atado a su parque ya es carámbano. Digan lo que digan no te importe el canario comprimido que no muerde ni que crezcan retoños a la ausencia. La bisagra engrasada ya no canta y el sol, que se hizo viejo allá en sus puntas esperando que cayera la palabra en el escaque justo, ahora chorrea otros fractales con mazmorra en el poniente. Desde ayer media naranja es una flecha o puede ser la luna, una mujer la puerta un perro el laberinto en que se pierde un hijo un fulgor la hora en que los hombres mueren madera de pluma el sacrificio, el ojo una inquietud por donde duele un fósforo la búsqueda un pez la buena o mala suerte. No hay piedad en el labio que se ofrece ni color en el secreto que no nace. Oh! Dios, que nunca se te ocurra celebrar con los brazos en alto como arquero pesar las espaldas convertidas y allí donde tu fuego espera no encuentre ritmo nuevo. ¿Qué hacer con el polvo amontonado? ¿días como rayos relucientes? Las flores se chorrean, no hay sonrisa que se anime a salir de entre las hojas. La noche mueve su perfil sobre los muebles la luna presagia desembarcos tu cuerpo sideral respira por la boca en que el amor se pierde. Váyase usted amargo sol que ya no hay forma de rascarnos donde no nos duele. Las vidas que han pasado ya no chocan, ¿que labios van a darnos vida y muerte? Los hijos de la sed desesperados se tragan las cortinas y deshojan alguna margarita sin que nazcan violines rumiándole al oído Isla de mis islas sola cáliz de arena este domingo.