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Casa de Blanca

          No llamaré a tus puertas, aldaba de noviembre: el árbol de las venas bajo mi piel se pudre y una astilla de palo el corazón me horada. Porque tu no estás, Blanca, tu costurero antiguo se olvida de los tules, y el Niño de Pasión va llenando de llanto el cristal de La Granja.           Tiene el regazo frío tu silla de caoba, tiene el mármol tu quieta dulzura persistida y bajo tu mirada una paloma tiembla. Peridamente humana pude sentirme un día, pero un mundo de sombras desvaídas me llama y a un sueño interminable tu cama me convoca.