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DIOS EXISTE

Dos de la madrugada. En trémula zozobra; los silencios, vivientes; la oscuridad sin borde; cuando la fuerza falta y la tristeza sobra, en soledad infinita para estar más acorde. De improviso resuena el son de un benteveo con tono tan alegre que regocija el alma, y es tal la donosura de su simple gorjeo que sonrío, infantil, renacida la calma. Y digo: Dios existe; es El quien me conversa como a niña medrosa perdida en la espesura, para que no me queje sintiéndome en olvido. La breve melodía, al viento se dispersa. Y me quedo pensando por tierna conjetura: ¿en qué rincón de cielo habrá colgado un nido?