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EL BURRITO GLORIOSO

La avispa exclamó: «¡Mi talle! ¡Mi talle!», al ver al burrito paciendo en el valle. «¡Mis alas! ¡Mis alas!»: tal, la mariposa le gritó al pasar, en más, orgullosa. Así, el picaflor: «¡Mi pico! ¡Mi pico!», se rió del pobre, mísero borrico. Igual, la luciérnaga: «¡Mis luces! ¡Mis luces!» (Acá el borriquito ya se fue de bruces.) Pero las orejas levantó al momento: «Ni de alas, de talle, ni pico, soy dueño, pero, pese a ser un triste jumento, estoy muy feliz, estoy muy contento, porque allá en Belén calentó mi aliento al Niño Jesús. ¿Quién tiene más luz: la pobre luciérnaga o yo? Lo descuento». «¡Corceles! ¡Corceles, que van a la guerra!» (Pasaron caballos, cascos dando en tierra.) «¡Corceles! ¡Corceles! ¡Ni el mármol ni el bronce son para el jumento!» «No importa», se dijo el asno, contento, «pues ninguno de ellos Lo llevó hasta Egipto. Ninguno ?tampoco, como yo, también portándole, entrará en Jerusalén».