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Rendija

a Silvia Krystel Tufo a vida eterna tiene la amante del Príncipe, olor a cuello después de la entrega. No hay métrica para decir sus caderas trabajadas en jade. El sudor del corazón vibra y huye. Música barroca entra a su pelo, querubines entonan lenguas muertas en su soñado ombligo. Escultores sin patria, al imaginarla, lloran de tanto cielo. Plebeyos susurramos odas a esa boca perdida en su bermellón, ignora ella la dispuesta maquinaria de nuestro oculto volcán. No es justo que se abandone a la tiranía de su mano. ¡Ave, musa! ¡Ave, soberbia escalera a los infiernos!