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Los días de la Inocencia

En el sesentidos éramos pocos en Chincha La moral era clara Nos conocíamos todos por nombres apellidos Por signos Por origenes Algunos viejos rechazaban la costumbre de vivir Y otros iban lento por las horas Con sus libros cabalgando en los bolsillos Con retazos de sol entre las manos Hacia un pálido cielo Mudándose al silencio Se andaba sin temor a la extinción Entre plazuelas quietas con palmeras bordadas Entre la luz polvosa Sabiendo a las almohadas inocentes El cuerpo cultivado en buena tierra La sangre fresca En el sesentidos hubo un verano largo y muchas tardes lentas Las sonrisas se cosieron a las sombras y el alma se nutría a sol y caña dulce Recostados en murallas de adobe Retozando tibios entre milagros perezosos con el metabolismo lento Dibujando pisadas con zapatos de charol Los trajes blancos y sombreros con gracia los domingos Creyendo saber mucho del diluvio universal De la uva negra De los gallos haciéndonos nacer muy pronto Del rumor del sol en la floresta De las sábanas de hilo Del mantel manchado en Navidad con vino tinto En el sesentidos dormíamos temprano (salvo en la Nochebuena y para la procesión del Señor de los Milagros) Los insomnios venían extranjeros con las tierras de Arabia y lepra en technicolor Los filisteos y Sansón entre pantanos Y ese león de la Metro rugiendo en ecranes gastados En aquel tiempo todos pensábamos que el Papa era un santo Kennedy un ángel de los cielos Y rojo muy rojo todo el diablo No nos herían el tiempo o los inviernos Mariposas amarillas cubrían firmamentos Y en noches de luna llena Venían de visita los ancestros En el sesentidos tuvimos dos eclipses Un sol furioso al mediodía tres semanas Y cincuentaycuatro tías montadas en tacones Cansando letanías a quienes saludar por las mañanas Aquel año sentí temor de Dios Vergüenza de mentir y fueron mis pezones mas rosados Me corrí del azufre como aroma del maligno Y escuche dos maldiciones al vicario mayor Por debajo de la luna que? se tornó amarilla de repente En el sesentidos estaba todo en orden Mi cuello mi casa mi columna vertebral y mi esperanza Era tiempo de caricias De cuentos de Calleja De nueva historia universal Éramos la gente de ese pueblo junto al mar Que leía el periódico muy tarde en las mañanas Éramos con la risa quebrando los temores Alejadas las lágrimas Jugando ?mundo?en la vereda con cáscaras de plátano resecas aliento a mantequilla y a mermelada de ciruelas hecha en casa En el sesentidos era feliz Qué duda cabe! Tenía apenas nueve años Alejada la malicia de vivir Iba sin soledades y mil sueños corriendo por mi aldea consagrada Fue un buen año aquel sesentidos Muy buen año De veras