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La arboleda luctuosa giraba como el mar...

La arboleda luctuosa giraba como el mar. Cayó lluvia. Sobre la calle quedaron unas piedras, chicas, y otras más grandes; eran muchísimas; parecían pedazos de estrellas. Brillaban con furia, con desesperación. Creía que se iban a ir como liebres; y no se iban. Entré corriendo; pero, todo era distinto. Los roperos abiertos. Los santos ¡sin marco y de pie! Un pajarillo totalmente azul volaba, siempre, en el mismo lugar, al alcance de mi mano: no lo pude espantar ni cazar. Se me cayó la trenza, se me cayó el vestido, cayeron las azucenas y la taza. Quedé prendida a no sé qué, y a nada.