Nos encontramos en el manzano. Era una noche cerrada, oscura. Me dijo: ¿Paseas?
Contesté: Siempre salgo.
El dijo: Yo, también, siempre salgo.
Pero, en ese momento, irrumpió la luna. Con todos sus tules. Y una llaga, como si hubiese sido violada dentro del traje de novia.
? ¿Qué tiene la luna?
? No sé.
A la enorme luz, se vio que yo estaba absolutamente desnuda; sólo con las trenzas múltiples, larguísimas.
El traje de él era augusto y deslumbrante.
Como el de un guerrero.
Como el de un clavel.
Publicado en la Revista Insomnia, 19/5/2000
Siempre salgo
Más poemas de Marosa Di Giorgio
Ver todos (21) →
A la hora en que los robles se cierran dulcemente...
Al asomarme, te vi, rocío, y recordé el país de antes...
Al mediodía, las ásperas magnolias...
Anoche realicé el retorno...
Clavel y tenebrario (fragmentos)
Cuando nací había muchísimos higos...
Empecé a ver casas y casas...
Era la noche de mi casamiento...