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METALES

Aud materia plîngînd... (Oigo llorar a la materia...) GEORGE BACOVIA Me tiendo gris en los metales cuando crecen callados en la noche y se adensan, y recogen los breves destellos de los astros. Siento su filo frío que después será mar, su lamento de hielo y muda carne, el osario de un dios propicio, enorme en su tiniebla, un dios que festejamos en la señal de su venida. Escucha, estamos en el tiempo del renuevo, de los juncales cubiertos por rocío, de la hiedra que escala nuestro lecho, del animal que nos acecha, inmenso, detrás de las pupilas, oculto en otra existencia infranqueable y ciega. El tiempo lento y turbio de la espora, de los metales mansos, del mineral cerrado que sospecha la luz, lava que persigue la levedad del polvo. Entonces, desde una estación remota regresan, entre brumas, las palabras, narraciones de hadas y de héroes, de resinas fragantes (el incienso, la mirra y el benjuí), y de madréporas. Los insectos describen amplios surcos, vueltos a lo indecible, y el granito recupera la voz dura y siniestra de los astros. Venero en los metales su permanencia muda, su oscura red de eternidad, su intacta persistencia de dureza semejante a la luz, su fría rigidez cuando en invierno rozan nuestras mejillas, el triste gris de su materia inmensa, de su abismo. Todo se encuentra atento a la llegada de una voz, de un dios o de un incendio. Y la sangre del hombre perseguida en su país de níquel, vigilante desde dentro del sueño, abandonada a la quietud, aguardando otro ver, un despertar distinto, otras pupilas de facetas omnívoras, un nuevo respirar... (Los círculos voraces, la persistencia cerrada de los nombres.) Esperan mirar de nuevo el mundo. Comprendo a los metales, comparto su destino tan parecido al mío, su existencia sin mácula. (Toco su corazón, su savia detenida cuando logra la forma del crepúsculo.) Cristales indefensos que se quiebran bajo la luz del alba, (tantos siglos gestándose, poblados de simientes). Me agrada abandonarme a ellos, acariciarlos apretando mi mano contra su piel exacta, en su luz de reflejos, de semillas y aristas. Metal que es tiempo denso y generoso, agua limpia para la sed del hombre.