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PREMONICIÓN

Cuando el avión se alzó sobre La Habana y se perdió hacia el sur como una baratija era otra vez el rito de las horas y el aullido del mar otra vez esa música enterrada en la arena. Todavía te alzabas sobre mi dedo índice desde allí me observabas aterradoramente. Pero aquella ciudad ya no sería mi límite ni colgaría en la puerta tus lluvias ternecitas. La píldora horadaba el iracundo vientre y la noche era un ave un halcón que se pierde con las alas desnudas.