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La esperanza

¡Oh día grande de la luz eterna! ¡Día sin fin!, la noche en ti no alterna, quizá va a despuntar tu primer rayo, yo te espero sin ansia ni desmayo; se acabarán mis males pasajeros, y empezarán los bienes verdaderos. Yo aspiro a un trono de inmortal grandeza, trono que nunca acaba cuando empieza, y debo con mis méritos ganarlo; yo he sido delincuente, debo expiarlo. Yo me dirijo a celestial destino, fuerza es sufrir las penas del camino. ¿Qué importa que esta vida deleznable se pase en la amargura, si de vida mejor y perdurable puedo ganar con ella la dulzura? El mal dura muy poco, y con la muerte en corona de gloria se convierte.

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