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TERCETOS DANTESCOS A CASIANO BASUALTO

(Dedicado a Pablo Neruda) Gallipavo senil y cogotero de una poesía sucia, de macacos, tienes la panza hinchada de dinero. Defeca en el portal de los maracos, tu egolatría de imbécil famoso tal como en el chiquero los verracos. Legas a ser hediondo de baboso, y los tontos te llaman: ¡«gran podeta»! en las alcobas de lo tenebroso. Si fueras un andrajo de opereta, y únicamente un pajarón flautista, ¡sólo un par depatadas en la jeta!... Pero tu índole sadomasoquista, un tiburón de las cloacas suma a la carroña del oportunista. Y si eres infantil como la espuma, eres absurdo Cacaseno oscuro, si el escribir con menstruación te abruma. Granburgués, te arrodillas junto al muro del panteón de la Academia Sueca, a mendigar... ¡dual amoral impuro! Y emerge el delincuente hacia la pleca de la carátula facinerosa, que exhibe al sol la criadilla seca. Astuto, ruin, tarado, voz gangosa, saqueas a la U.R.S.S, envilecido, con la tremenda mano estropajosa. Flojo arribista, tonto y bien comido, dijiste de este norme pueblo ardiente: «Chile, país de cafres», ¡gran bandido! Eres la negra cabeza de puente de la horrorosa corrupción burguesa en el filo-marxismo decadente. Avido como pájaro de presa, refleja tu persona a un mar de idiotas, y es su retrato, en ti, lo que interesa. Por eso no caminas, y rebotas contra la parte más noble y sufriente de tu partido, y te ladran las botas. ¡Tú, el discriminador impenitente, burócrata y plutócrata racista que insulta a herida, a eterna, a heroica gente!... Es que tienes costumbres de alquimista de fiambrería, y es que estás vendido, todo, al gran criminal imperialista. Es que tienes costumbres de alquimista de fiambrería, y es que estás vendido, todo, al gran criminal imperialista. La baba oscura del hampón, hundido en la maldad oblicua del plagiario, te chorrea del corazón podrido. Y las pelotas del «estravagario», juegan al campeonato del canalla en el gran orinal «crepusculario». Eres el «jefe» de una tal morralla, tan desleal como todo cobarde, y mereces escupos, no metralla. Calumniador e infamador, tu alarde de apropiarte de un muerto es de demente, que se ahoga en los mares de la tarde. Abominando del hombre valiente, echas en cara la desgracia humana, y, al insultar, muestras la bestia ingente. ¡Es tan abyecta tu actitud marrana y es tan de amoral tu ejecutoria... ¡debiste ser hijo de puto y rana!... Chillas por eso pidiendo euforia necio-anormal de «un puntapié en el culo», y el ser pro-imperialista es tu victoria. Tu condición de Judas y de Chulo, corrompe con dinero mal habido, y a quien explotas, lo declaras nulo. Tu verso inmoral se ha «enriquecido» de un mil de pederastas de prontuario: cantas por paga, en tu rabel transido. Estafándola, alzando su calvario, a aquella fiel humilde «hormiguita», formas la roña del prostibulario. Por tu gran colección hermafrodita sin que falte una loca Concha sola, la Reacción mundial te felicita. la miendo por debajo de la cola al ladrón del Viet Nam, al asesino, eres el héroe de la coca-cola. Gran comensal del Wall Street ladino miras a Cuba como los «gusanos», y su martirio te importa un comino. Tu comunismo es farsa de Casi Anos emputacidos y escandalosos, que vende, como reses, sus hermanos. Ceñido de mugrientos y roñosos, tinterillo de latifundistas, yo te comparo a los perros tiñosos. Defiendes, pisoteando comunistas, a los patrones contra los peones, y los dueños de fundo son tus pistas. Ladroneando, eres tú flor de bribones, y como vives de seres dudosos, auspicias guardaespaldas maricones. Insultador de héroes grandiosos, como Mao Tse-tung y su Partido, entregas sangre ajena alos golosos. Tu «pedosita» es pacotilla, herido de vanidad añeja de ramera, «gozas» de «fama», pero estás vencido. A la siniestra mafia aventurera de la chacota en la literatura tu camarilla le dio pedorrera. ¡Oh! mixtificador, tu sinecura de atorrante político, «escruchante» poético, es un tarro de basura. Engañas a «las musas», y el cantante de prostíbulo que hay en tus muletas, en las ideas es un comerciante. Sodomitas, rufianes, proxenetas, pacotilleros y filibusteros, te corretean entre cuchufletas. Bohemio y metafísico, en usleros de material confuso estás sentado, como en grandes divanes de braseros. De «Derecha» y de «Izquierda» te has timbrado y oscilas de entre alones y loyolas, manoseando para lado y lado. Como te arrastran las sesenta bolas de las antologías criminales, te balanceas en las carambolas. Un rebizno mundial de homosexuales, monta la máquina cosmopolita de tus negocios internacionales. Y hasta el cura pronazi aranedita llorando se arremanga las polleras en honor de tu gran guata «bendita». Yegua de arreo, riega las praderas de la bohemia tu meada de piojo funeral, corroído de goteras. Los de Hernanes, el negro y el rojo, son los sucios eunucos amarillos de tu harem: Cardenal y Matapiojo. Ellos te chupan de los calzoncillos la bazofia, con lengua de lacayos: pían sin pico, aunque son pajarillos. Tal como dos esclavos, dos cipayos enmascarados en su podredumbre, sirvientes del verdugo y papagayos. Los «capos» de la antigua servidumbre te abandonaron por ingrato e inmundo como a un cuchillo mordido de herrumbe. Hoy por hoy, solo, en el hoyo del mundo chillas y gritas, espantosamente, lo mismo que un zapato moribundo. Y aunque manchas tu patria, impunemente, contrbandeando éxito por mérito, te escupe un gran gargajo frente a frente. Vendido a Norteamérica, el pretérito de tus engaños al proletariado, da vuelta la chaqueta al benemérito. Traidor y desertor calificado, te burlaste de los trabajadores yendo de negociado en negociado. Tu frenesí es corruptor de menores intelectuales, «regolucionario» a lo Mansilla, «Rey» de embaucadores. «La araña negra» y «el patibulario» te llamó Juan de Luigi, al cual echabas en cara la ceguera... ¡oh!, mal corsario. Telarañoso y mercantil, alabas lo que negaste, como equilibrista, y al Premio Nobel lo llenas de babas. De país en país, gran arribista, tu gonorrea literaria has ido vendiendo como egregio pendolista. Tu «reconciliación» de forajido con el imperialismo, es lo más lógico: se van de corrompido a corrompido. Como un bruto o eunuco patológico estás sobre las clases defecando y a tu estiércol lo estimas antológico. Un viejo perro muerto anda aullando en tus quejidos de gran roña ahita y, al vomitar, te vas desintegrando... Toda tu obra mal robada, imita: «Macchu-Picchu» es Ramponi, el argentino, a quien plagiaste su «Piedra Infinita». Tagore, Baudelaire, Vallejo, (vino y mito), te encubren, y te aterra haber transado tu alma de cochino. El fosil colonial de Inglaterra entre biblias y whiskyes y serpientes engendró «Residencia en la Tierra». Si hablando a gentes proletarias, mientes, mientes cantando y llorando y, mintiendo, mientes a delincuentes y a inocentes. Como lo heroico no lo estás viviendo, tú frenas la potencia de las masas con tu veneno «poético» horrendo. Por tus siete maletas, sobrepasas el equipaje multimillonario, cuando el botín repleta tus tres casas. A alguna menopáusica de acuario, «tu Farewell» ¡de Blomberg!, le produjo alteraciones en su calendario. Sabat Ercasty te dejó con pujo sangriento, y «El Hondero Entusiasta», es la baraja y el moco del brujo. Siendo un feto, te das de iconoclasta, y a mí me has estafado desde el nombre a esta línea de fuego, que te aplasta. No eres un hombre pobre un pobre hombre condecorado como a un espía del anticomunismo, cobre a cobre. «Punta de lanza» de la porquería capitalista, porque no batallas, en la agonía de la burguesía. Ni Trujillo agregó a tantas medallas tanta asquerosa maldad engañosa, y «Chapitas» fue ejemplo de canallas. El gran oficialismo es tu ruidosa pantalla, adulas a cualquier Gobierno y le cambias por plata, verso o prosa. «Gran mal poeta», (engendro del infierno), te llamó Juan Ramón en «Españoles de Tres Mundos», Caín de mas de un cuerno. ¡Y tú, coleccionando caracoles o mascarones en que te defines!... «Radio La Habana» baleó tus controles... Entre los más rosados querubines, te «canonizarán» de comunista con la trompeta de los malandrines. Un Belaúnde pronacifascista y asesinador de guerrilleros coronó tu cinismo de pancista. Como a chancha «matada», los culeros te lastiman el lomo y las berijas, (dos instrumentos de los marulleros). Es decir, las ambiguas sabandijas de la retórica y de la poética, ya sólo en los sobacos las prohijas. Porque como eres «loco» de la estética y el robot parroquial de un clan idiota, hasta tus cómplices piden genética. ¿Tú revolucionario? La pelota del trotzquismo te cuelga del hocico, enmascarándote. Y Lenin te azota. Con tu conducta de sapo y de mico ofendes a la inmensa clase obrera, y a costillas del pueblo eres tan rico. Además, el Pentágono reitera en dólares sonantes y contantes, su amor a la canalla aventurera. Y la CIA procura resonantes éxitos al carajo «bien portado» y condecoraciones y diamantes. Y un horrendo esplendor prefabricado y queso y pan y vino, todo de oro, y los difraces del enmascarado. La gritería universal, el toro de cartón rojo, el Caballo de Troya, la gran máquina-jaula para el loro. Turbia gran bruja macabra de Goya es tu aflicción de «Toribio Gallina, el Náufrago», colgando de una bo... ya. A tu «realismo» échale formalina en el tronco esencial de la macana, porque muestra su lengua femenina. La épica social americana la escribo yo, rugiendo pueblo adentro, con mi pluma-fusil, (gran hacha humana). Y tu canción de amor es epicentro de mistificadores, y bolina de maricas, con punto y como al centro. Lo bautizaste como «Guillermina» al «Mascarón», que oculta tus «apremios» de bailarín de la Tía Carlina. Y si aún deseas premios y más premios, te ofrezco el premio a la sirvengüenzura colosal y feroz de los bohemios, que se cavan la propia sepultura: no importas tú, ¡importa tu impostura!...