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Poema.es

Llama el océano

No voy al mar en este ancho verano cubierto de calor, no voy más lejos de los muros, las puertas y las grietas que circundan las vidas y mi vida. En qué distancia, frente a cuál ventana, en qué estación de trenes dejé olvidado el mar y allí quedamos, yo dando las espaldas a lo que amo mientras allá seguía la batalla de blanco y verde y piedra y centelleo. Así fue, así parece que así fue: cambian las vidas, y el que va muriendo no sabe que esa parte de la vida, esa nota mayor, esa abundancia de cólera y fulgor quedaron lejos, te fueron ciegamente cercenadas. No, yo me niego al mar desconocido, muerto, rodeado de ciudades tristes, mar cuyas olas no saben matar, ni cargarse de sal y de sonido: Yo quiero el mío mar, la artillería del océano golpeando las orillas, aquel derrumbe insigne de turquesas, la espuma donde muere el poderío. No salgo al mar este verano: estoy encerrado, enterrado, y a lo largo del túnel que me lleva prisionero oigo remotamente un trueno verde, un cataclismo de botellas rotas, un susurro de sal y de agonía. Es el libertador. Es el océano, lejos, allá, en mi patria, que me espera.