📜
Poema.es

Se unen la tierra y el hombre

ARAUCANÍA, ramo de robles torrenciales, oh Patria despiadada, amada oscura, solitaria en tu reino lluvioso: eras sólo gargantas minerales, manos de frío, puños acostumbrados a cortar peñascos: eras, Patria, la paz de la dureza y tus hombres eran rumor, áspera aparición, viento bravío. No tuvieron mis padres araucanos cimeras de plumaje luminoso, no descansaron en flores nupciales, no hilaron oro para el sacerdote: eran piedra y árbol, raíces de los breñales sacudidos, hojas con forma de lanza, cabezas de metal guerrero. Padres, apenas levantasteis el oído al galope, apenas en la cima de los montes, cruzó el rayo de Araucanía. Se hicieron sombra los padres de piedra, se anudaron al bosque, a las tinieblas naturales, se hicieron luz de hielo, asperezas de tierras y de espinas, y así esperaron en las profundidades de la soledad indomable: uno era un árbol rojo que miraba, otro un fragmento de metal que oía, otro una ráfaga de viento y taladro, otro tenía el color del sendero. Patria, nave de nieve, follaje endurecido: allí naciste, cuando el hombre tuyo pidió a la tierra su estandarte y cuando tierra y aire y piedra y lluvia, hoja, raíz, perfume, aullido, cubrieron como un manto al hijo, lo amaron o lo defendieron. Así nació la patria unánime: la unidad antes del combate.