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Décimacuarta poesía vertical (43) (Póstumo)

No hay nada que guardar. Podemos dejar las puertas abiertas o puestas las llaves en las cerraduras. Podemos irnos con las manos vacías y sin pensar qué llevamos o qué dejamos. Nos bastan las miradas, que no se pueden guardar. Ante el desenlace largamente previsto lo imposible de guardar es lo único que importa.