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Comensal

Arrimado a la esquina de la mesa, fiel, infinito el son de mi cubierto, quisiera seguir siendo siempre el mismo Alberto Rubio resucitado con su presa. ¡Qué olorosa la carne me embelesa dorada, tan real, y tan despierto de mis sentidos yo, por fin tan cierto que la separación de amigos cesa! Brindis ahuyentan hoy mutuos agravios, pero injurias del Tiempo corporales ni dependen jamás de humanos labios ni de la ingratitud de los mortales, tampoco del perdón nuestro de sabios cristianos y felices comensales.