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El Cristo de Temaca (II)

Mira al norte la peña en que hemos visto que la bendita imagen se destaca. Si al norte de la peña está Temaca, ¿qué le mira a Temaca tanto el Cristo? Sus ojos tienen la expresión sublime de esa piedad tan dulce como inmensa con que a los muertos bulle y los redime. ¿Qué tendrá en esos ojos? ¿En qué piensa? Cuando el último rayo del crepúsculo la roca apenas acaricia y dora, retuerce el Cristo músculo por músculo y parece que llora. Para que así se turbe o se conmueva, ¿verá, acaso, algún crimen no llorado con que Temaca lleva tibia la fe y el corazón cansado? ¿O será el poco pan de sus cabañas o el llanto y el dolor con que lo moja lo que así le conturba las entrañas y le sacude el alma de congoja?... Quién sabe, yo no sé. Lo que sí he visto, y hasta jurarlo con mi sangre puedo, es que Dios mismo, con su propio dedo, pintó su amor por dibujar su Cristo.