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Vienes y te vas...

I Vienes y te vas. Te vas. Temprano o tarde Te vas: sangre dilatada. Fugitiva piel, sal o labios, Te vas. Secreta luna interior. Ahora música en la noche. Viento inclemente la tristeza. La garganta vela húmedas noches. Te vas. Te fuiste: Espejo en mis pasos. Ahora luz vencida, desvanecida Y breve en la tempestad del tiempo. II Los días irrumpen fieros Sin el canto ligero de las aves. Vieras qué agónico es caminar, Transitar, ver, oír y existir Sin el zumo del anhelo y la Esperanza. Hay sombras en este hálito de frío. Dolientes sombras sin asirse al tacto. Aquí está tu presencia en mis sueños cansados: Lejana flauta y espesa Como el pájaro perdido ?yo? En la densidad afiladísima del bosque. III Aquí falta el horizonte y la caricia. El día con sus campanas. Hay sollozo en los labios del verano Como el pájaro, huérfano, de guarida. Hay silencio. Un largo silencio: Mar inquietado. Sofocante y caído. Así caen los días en las urnas del calendario, Los labios y el interior húmedo De ese sueño corpóreo de la carne. Implacable es la vida. Vasto. Odre del mar que me ahoga y me inunda. Por mi cuerpo ?por todo mi cuerpo? Noche rutilante. Sombras imperiosas. IV ...los ojos llueven,... Góngora. Delgada aguja el labio sobre labio En el follaje de los poros. Ha volado el aliento con sus dudas Y me convoca la lengua Coagulada de un cráter, Del humano pedazo de materia que soy. El iris es una playa Donde escapan las gaviotas Y se agita el vacío de una sal líquida, Casi voz abismal, estrujada En la arena sacudida de las alas. Un río humedece los párpados. Un río que arrastra pájaros moribundos. V Espacio, noche gandre, más espacio. Jorge Guillén. Que nada tengo. Me abrazo. Yedra en la pared del respiro. Que nada me espera: cárcava del apego. Espacio en desorden los pensamientos Que se agolpan, difusos. Sin verdes ni raíces. No se inventan. Ciego crepúsculo la distancia. Navaja Que gozosa hiende la materia De los sueños. Noche del alma eterna que actúa En el follaje de su propio volumen. VI Y hendida en este presente sangrante El alma sin faz perdurable. No sé. Frágiles follajes en tránsito En el tejado de los sueños extraviados. Inmenso es el viento que lleva las aves. Inmenso. Yo espero. Nubarrones los pensamientos ?mis pensamientos, tal vez, con verdor de olvido? Por un atajo de campánulas espero: Sombras del grito doliente, evidencia, Del sueño que se escapa de la mano. VII Desnuda difundes la luz. Absoluta luz desnuda: Onda del mar imperioso. Eres. Serás. Pájaro picoteando Radiantemente el iris de los ojos. Nada es la amarilla resonancia Del sol en los cambiantes pastos del campo, A beber el deseo en tus pezones Y en la hondura candorosa del ombligo. Eres. Serás. Astro es mis horas: Mineral indisoluble en mi abandono. Mineral en mis atroces límites. Desespero ante el azar del tiempo. Afán de aquí. Afán de invulnerable silencio Donde se cierne el imperioso futuro. VIII Borroso el tiempo que se revela En los ojos. Escombro de pájaros Demolidos, éste que nos habita Entre la memoria telúrica Y la vivencia irrestañable de las criptas. Es una sensación extraña Que los días cambien sinuosamente Como los equívocos reflejos de la historia. Y que en dicha penumbra Reavivemos el eterno claroscuro de nuestros recuerdos. IX De repente me embriaga El viento de la noche Y el jardín infinito de las sombras De medianoche en pleno albedrío. El ansia se encarna en la llama del candil. Aquí está el misterio sin fantasmas Gozosamente en los círculos de la arcilla. Pero también, la animación de las ventanas ?con sus vitrales transparentes? el río humoso de la memoria: la vida con sus instinto de arcanos inefables. X Aquí me quedé en este pedazo De tierra para luego nacer. Para luego morir, para saber Que la vida es luz diseminada En el telón de los días que pasan. Los he visto en las celosías del instinto. El suspiro. El gemido. El suplicio. A veces sus brebajes ciegan El iris y amenguan el vuelo. A veces no hay certeza de Nada ?y con el pecho sobresaltado? hay que caminar, y andar a tientas. Sólo así la Esperanza carece de cronómetro Y el invierno o el verano Puedan dibujar sueños En las ramas del trajín cotidiano.