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Música de cámara

I Si pudiera tener su nacimiento en los ojos la música, sería en los tuyos. El tiempo sonaría a tensa oscuridad, a mundo lento. Mezclas la luz en el cristal sediento a intensidad y amor y sombra fría. Todavía silencio, todavía el sonido no tiene movimiento. Pero llega un relámpago; se anudan en los ojos lo bello y lo potente. La fría sombra se convierte en fuego. La belleza y el ansia se desnudan. La música se eleva transparente. Oh, sonido de amor, déjame ciego. II Yo, sin ojos, te miro transparente. En la música estás, de ella has nacido; de este grito de luz, de este sonido a mundo amado luminosamente. Y yo escucho después ?agua creciente? a la música en ti: todo el latido, todo el pulso del aire convertido a tu belleza, a tu perfil viviente. Tumba y madre recíproca, del canto orientas a tus venas la agonía, y tus ojos asumen su potencia. Oh prisión de la luz, después de tanto, ya veo en el silencio: la armonía es tu cuerpo, tu amada consistencia