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Derecho de conquista

Con qué empeño la luz quiere arropar, velada, la paz de la mañana de manso mar y silenciosas calles y de ese modo levantar el solio que te encierra y engasta cual zafiro cuando, al fin, sonriente y despeinada, pasas revista a la enemiga tropa y la encuentras conforme a tus designios en batallones de plumón tan tibio, en falanges de aljaba tan vacía que proclamas, sin lucha, la victoria y el raigón derrotado de mi ejército cargados de grilletes tras tu carro se arrastra traidor a su bandera, a su patria, a su dios.