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Los ángeles del mar

Los ángeles del mar, cuando llega la noche, arrastran suavemente a los ahogados hasta playas amigas, y allí limpian sus cuerpos de algas y medusas y peinan sus cabellos con esmero para que no parezcan tan difuntos y sus madres, al verlos, no piensen en la muerte. A veces depositan sobre sus pobres párpados dos sestercios de plata recogidos de algún pecio profundo para borrar el miedo de sus ojos y que el asombro vuelva a sus pupilas, o ponen en sus manos caracolas y pétalos como si fueran niños que dormidos quedaron en sus juegos. Finalmente, con leves movimientos, abanican sus rostros muy despacio y ahuyentan de sus labios las últimas palabras dejándoles tan sólo los nombres de mujer? Casi siempre suplican a los altos querubes que trasladen sus almas con cuidado, porque el mar dejó en ellas salobres arañazos, golpes de barlovento, heridas abisales, y en el más largo instante vieron como sus vidas se alejaban, se hundían, en el temblor callado de las aguas, y con sus vidas iba su memoria, y en su memoria todo cuanto amaron o pudieron amar, y su dolor fue grande? Cumplida su misión, vuelan los ángeles hacia las blancas ínsulas del sueño, y los ahogados quedan solitarios y espléndidos en sus dorados túmulos de arena, serenos como dioses, dignos en su derrota, esperando que nazca la mañana, que les cubra la luz, que jamás les alcance el frío del olvido.