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Poema.es

Crepúsculo argentino

El campo, un espacio donde los niños confunden la belleza con la felicidad; la luz los atonta, el flash doméstico y natural los oculta en catacumbas, agujeros negros, blancos conventos insonorizados, sin follaje... oh pequeños religiosos de la exigencia: una sonrisita fosforescente y acústica y un abracito afectado que se conoce en esa especie de Vacío Mundo en otra más lejana galáctica insaciable risita que lucha. Todas las astillas cósmicas. Todos los hilos agámicos. Todas las taciturnas vocecitas en la luz amarilla, intensa, de azufre fosforescente y de luciérnaga que agoniza. nosotros en ese campo expulsado donde la fatiga es imprevista con sus misteriosos eclipses... La insistencia de un pánico silvestre y los diminutivos con que Arturito recorre su paciencia, su olvido en todo lo que se afinca como parpadeo. Las cajas del sueño donde el poder dormir como volver a morir se precipita; el aire se funde con la luz oscura y el agua con los desplazamientos del rumor acuático imanes, imanes de felicidades remotas mímicas en los estados de belleza pura, y variaciones mágicas con dedos de reptil, pero ese reptil de miniatura africana que salta continuamente en el hirviente desierto de arena para no escaldarse y vivir al unísono, para que el día entre en él por todas sus semejantes, ínfimas, innumerables huellas para que la presencia insaciable del día no lo adormezca; sin embargo, a ellos otros espero, anhelo, anillo sus múltiples exigencias. Puedo envejecer esperándolos en otra humanidad y puedo otra vez nacer; estar como un fruto en corona, esperando el picotazo de otros mundos, la vida de cada minúscula noche hacia el mar. Ellos, bienes dormidos bajo estatuas de olmos, gnomos, tesoros en cofres de pirotecnias perpetuas, aún en el vacío insonoro, atraídos como ranas En la inquietud de los estanques o el mar, sobre la vasta ola roma, sin cresta, alzándose silenciosa sobre el amor: minutos sin ley ni astros tiempos sin cuerpo ni deseo espacios donde se cortan los afectos a cada exiguo pie de un hombre. Son niños siempre y niños en un festín donde se desconocen los nombres Niños arrancados del cuerpo y del corazón, como raicillas que ya hubieran echado en otros niños su ligazón; en otros pensamientos su dolorosa espesura. Niños explosiones acústicas Niños ortigas del verano; a un punto en la seda vienen a mirar faisanes; un círculo luminoso donde caen todas las remotas ideologías naturales y todas nuestras cósmicas huellas estrelladas: los niños. duelo de no pertenecer duelo de las sabidurías desconocidas sin órganos sin ostentación y sin goces duelo de apartarse dudando del patio de la dicha: donde allí todo nos sosegaba como sofocado dolor aquí todo nos despierta aquí somos el sobresalto del lince aquí el sueño oculta la alegría del secreto Aquí la verdad solitaria derrumba el placer y el placer no sostiene el secreto no sostiene el despertar no me sostiene, su realidad, es más devastadora que el deseo ¿Qué es? Es la desesperación que nos impone como un sueño el vacío, el campo... Vaho amarillo y los diablitos riéndose. Arrastran un perrito, escriben una eme majestuosa; las brujas-lolita con sus mechones eléctricos y sus malcriadas muñecas, la voz del perrito; los dientes de las cosas; la acústica estirpe china del súbito día (el té). Los niños. Sus rasos borran la única fiesta, la única mentira, la única verdad, la única risa. No te alejes más. No te alejes más. ¿Qué haré sin los ojillos de tu faisán? Sin tus gestos como picotazos dorados. Mi desesperación clavada en el deseo como un colibrí salvaje en la gigantesca flor acuática. La hipertrófica magnolia del deseo: un limón escarlata y óxido de hierro la van centrando con sus suavísimos ganchos: la abeja allí se empolva, los zánganos conocen y reconocen: desconocen El campo, la noche y sus caretas de olores que no enmascaran, los mensajes cortados y los gritos suntuosos; la noche con sus señales de amores de alfalfas y alfabetos de sapos y telarañas. Magnolia del zorrino con su chorro de humos acres ¿Nada sostendría? ¿Nada consentiría en su risa de chaparrones de blancos y agrios fuegos luminosos? Es la madrugada: ¿pero cómo...? Los niños se duermen: fácilmente se duermen sobre estos clavos de azúcar, fakires del infinito turbulento. El campo tiembla. El campo nuestro. (...el delirio, los surcos de la lava del alba. El agua donde amanecemos. Los terrores poderosos giran en torno a objetos sin valor. ¿Te acordás? Fase del desprecio, incluso por el no... El No de un amarillo vibratorio, los girasoles en el vozarrón del día y el humo del atardecer, los ojos en la cabeza leñosa en el espumoso anaranjado del sol. No te alejes más. No te alejes más. el deseo desdibuja en su plumosa tierra un espacio: "que no te despierten todavía, y que no hiervan la leche todavía". Multiplicidades. Multiplicidades secretas Lo que pasa durante la tarde como los pequeños frutos de las intensidades se abre, como un último frutillo en las fogatas anaranjadas Deja que bajo nuestra incertidumbre croe lo incierto: el agro de la espera, la niñita que baila... la patria de San Juan y esas inquisitorias cartas que quemaste para cocer la langosta y las habas: La pintura es la extensión más sutil