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Poema.es

La tregua

En la tiniebla urgente de esas casas que uno acaba pidiendo a los amigos; en asientos traseros de los coches, abusando de los malabarismos; en la frecuentación de los hoteles, tarde o temprano todos parecidos; sobre la arena tibia de la playa pasado ya esl peligro de ser vistos; en la cama de casa, que ya es como una parte de nosotros mismos, y en los lugares más insospechados de donde quiera que haya sucedido, hay una rara tregua de los cuerpos que es más que el decaer del apetito (cuando ella va camino de la ducha o busca entre su bolso cigarrillos, mientras coge las ropas esparcidas o se entrega al silencio como a un rito), porque desaparecen las distancias y vuelvo a padecer un espejismo: todas las camas son la misma cama y un mismo cuerpo todos los que han sido, todo el tiempo del mundo es ese instante y en ese instante, el mundo, un laberinto del que conozco todas las salidas, porque conozco todos los sentidos. Luego esa lucidez desaparece, y se regresa al cauce primitivo; de nuevo el mundo es un rompecabezas imposible de armar con un principio, y sólo nos consuela un cuerdo al lado que solicita un último capricho.