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Cantos de la confrontación (IV)

Sin embargo, ningún oprobio ha conseguido quitarnos el caudal de la ternura. Somos más fuertes porque en el desierto del odio no dejamos que se secara el agua del afecto. Porque a pesar de heridas y de afrentas la piel del alma la tenemos suave para seguir amando. Si nos hemos doblado bajo cada tormenta, nadie pudo quebrar la voluntad de ser que nos sostiene ni secar el amor, ni mancillar el fruto de los besos. A veces, creo que, en el fondo, los que nos llaman débiles en realidad nos tienen tanto miedo...