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Poema.es

De mi provincia

Vuelve la tarde cuando el niño polvoriento se echa al río y suena su peso en las nubes como un fresco morado distinto que abre suavemente los ojos de la mujerzuela sentada huesuda y eterna en el parque. Dónde estará mi sombrero, pregunta con el único zapato interrogante que tiene, y se pone a crear de otro modo su verde sombrero, mientras el niño patalea dulce perdido en un extraño, en un sordo silencio que no puede penetrar ni la música del último crimen. Sonando hacia el mar el domingo desprende su pasión cristalina en aciagos danzones de angustiosa patria, y la imagen del mundo como el nombre guardado en la oscura garganta de un ciego empieza a buscar su tamaño, su olor, sus colores. Yo dije que vuelve el deseo, pero la tarde es inmóvil como todo transeúnte o melancólico bufón de sí mismo, y al expresar un banco, un laurel o una tela soñada que hasta entonces no tuvo concreto frenesí, es idéntica y sigue brotando, esencial, de mi provincia.