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El convaleciente

La noche extiende su dominio puro de estrella por mi sanagre aparecida como un árbol oscuro: ya no es la muerte ni la vida lo que alegre despierta con mi sueño a mi ceniza en flor y luz madura, sino un oro neutral que me hace dueño de mi joven palacio de amargura. Oh ardido corazón, paciente mina de la engastada furia que rodea mi tronco de hombre escueto de paisaje! Levanta, enfermedad, tu lluvia fina, permite que tu niño eterno vea su extraña paz y delicado viaje.