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Sellada vigilia (I)

En aquella ciudad morada y mustia los mulos del carbón, los níveos pescadores escanciaban la forma serena de mi angustia, iniciaron el fúnebre ajedrez de sus rumores. Era mi vida un sueño confuso de hondos seres, los ojos inflexibles de ilusión se me abrían a beberle a las cosas sus graves menesteres. La llovizna el cine y el perro me influían. Es dulce y es infausto por la calle de olvido caminar ciertas noches a mi trémulo puente, arpa de nube y viento en la velada oscura. Y escuchar a lo lejos el piano detenido, los mágicos hogares de frenesí latente calándome los huesos con su vaga locura!