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Sellada vigilia (II)

Que yo estaré soñando, dormido centinela de una tarde profunda en olor a lejanía, ojo de extraña tribu, puso de esta sequía que me nace del tiempo y en lo infinito vela. Qué se oirá de mi boca que no sea lectura, triste cancion mezclada por las nubes y el hombre; quién podrá distinguir de mi sonido el nombre con que me llama Dios a beber su dulzura. Soy como el trueno antiguo, confuso y elocuente, que de pronto escuchaba en la sola arboleda, íntima ya de astros y olvidada familia. Las tardes superponen su texto transparente. ¡Quién sabrá lo que pido si mi corazón queda delirante y remoto en sellada vigilia!