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Dibujo de la fuga (VI)

Este color de liquen y de algas; este origen de mar, que nadie advierte; este canto de grutas sumergidas y estos silencios de agua, que se beben. El goce de una intacta lejanía donde el pulso del tiempo se endurece; El barco que llegó buscando anclas, por combate de noches y de nieves. Un domador de potros de arcoiris, un ágil compañero de los peces, una rada con árboles de llanto y la isla que muere y que no muere. Todo, medio perdido por mis labios, todo, medio salvado por mis sienes, y en esta tierra de cumplidas cosas apenas como el día adolescente. Por un deseo que anudó en el musgo el suelto sollozar de la intemperie; por un lejano viaje que en la playa cambió su muro de olas en laureles; por eso estoy aquí...con este sueño de oceánica raíz, casi perenne; con este primer junio de buscarme y este regalo de saladas fuentes. Cae a mis ojos, de unos ojos altos, toda la luz en su marino oriente. Cae a mi corazón, con piel y sangre, toda la vida de mi nombre verdee. Tal vez de una ternura de riberas mi iré al volcado adiós de las corrientes. Tal vez en un estreno de horizontes recogeré la flor de lo que duele. Ha sido mi secreto entre las ramas esta mitad de mar que no obedece. Por eso ando buscando, sin decirlo, el nuevo viaje de mi antigua gente.