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Sonetos del Arcángel (V)

Nada puede igualarte... ni la estrella que es ojo y brasa, joya y flor deseada; ni la flor -ala tímida- clavada al barro humilde que la forma sella. Palma de sangre, fugitiva huella, criatura y ángel, brisa y llamarada; para tejer tu gracia ilimitada toda cosa prestó su línea bella. Porque sé que en lo bello lo divino guarda el poder de misterioso rayo que vuelve el lodo humano cristalino; mi gajo en madurez, mi flor de mayo, trémulos -en el goce y la dulzura- han sido ofrenda a la belleza pura.