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Sonetos del Arcángel (VII)

Te busca el hombre, terco y confundido, ¡sol que al ojo cobarde ha deslumbrado! ¡dardo de lo infinito que has herido con punta de virtud mente y costado! Sosteniendo el valor de su latido, arrastrando su carne de pecado, es ala de ansiedad, niño perdido, queriendo conocer lo adivinado. Y va, con soledad de espina y hielo, buscando por el mundo y por el cielo lo que en milagro le será ofrecido. Y te vislumbra, intacto y silencioso, resuelto en torbellinos sin reposo y entre prismas de lágrimas erguido.