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CANTO DEL DESPERTAR

...y cuando salía por toda aquella vega ya cosa no sabía... SAN JUAN DE LA CRUZ El primer surco de hoy será mi cuerpo. Cuando la luz impulsa desde arriba despierta los oráculos del sueño y me camina, y antes que al paisaje va dándome figura. Así otra nueva mañana. Así ota vez y antes que nadie, aun que la brisa menos decidiera, sintiéndose vivir, solo, a luz limpia. Pero algún gesto hago, alguna vara mágica tengo porque, ved, de pronto los seres amanecen, me señalan. Soy inocente. ¡Cómo se une todo y en simples movimientos hasta el límite, sí, para mi castigo: la soltura del álamo a cualquier mirada! Puertas con vellones de niebla por dinteles se abren allí, pasando aquella cima. ¿Qué más sencillo que ese cabeceo de los sembrados? ¿Qué más persuasivo que el heno al germinar? No toco nada. No me lavo en la tierra como el pájaro. Sí, para mi castigo, el día nace y hay que apartar su misma recaída de las demás. Aquí sí es peligroso. Ahora, en la llanada hecha de espacio, voy a servir de blanco a lo creado. Tibia respiración de pan reciente me llega y así el campo eleva formas de una aridez sublime, y un momento después, el que se pierde entre el misterio de un camino y el de otro menos ancho, somos obra de lo que resucita. Lejos estoy, qué lejos. ¿Todavía agrio como el moral silvestre, el ritmo de las cosas me daña? Alma del ave, yacerás bajo cúpula de árbol. ¡Noche de intimidad lasciva, noche de preñez sobre el mundo, noche inmensa! Ah, nada está seguro bajo el cielo. Nada resiste ya. Sucede cuando mi dolor me levanta y me hace cumbre que empiezan a ocultarse las imágenes y a dar la mies en cada poro el acto de su ligero crecimiento. Entonces hay que avanzar la vida de tan limpio como es el aire, el aire retador.