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EL BAILE DE ÁGUEDAS

Veo que no queréis bailar conmigo y hacéis muy bien. ¡Si hasta ahora no hice más que pisaros, si hasta ahora no moví al aire vuestro estos pies cojos! Tú siempre tan bailón, corazón mío. ¡Métete en fiesta; pronto, antes de que te quedes sin pareja! ¡Hoy no hay escuela! ¡Al río, a lavarse primero, que hay que estar limpios cuando llegue la hora! Ya están ahí, ya vienen por el raíl con sol de la esperanza hombres de todo el mundo! Ya se ponen a dar fe de su empleo de alegría ¿Quién no esperó la fiesta? ¿Quién los días del año no los pasó guardando bien la ropa, cuánto refajo de lanilla, cuánto Cuánto manteo, cuánta media blanca, cuánto refajo de lanilla, cuánto corto calzón. ¡Bien a lo vivo, como esa moza se pone su pañuelo, poned el alma así, bien a lo vivo! Echo de menos ahora aquellos tiempos en los que a sus fiestas se unía el hombre como el suero al queso. Entonces sí que daban su vida al sol, su aliento al aire, entonces sí que eran encarnados en la tierra. Para qué recordar. Estoy en medio de la fiesta y ya casi cuaja la noche pronta de febrero. y aún sin bailar: yo solo. ¡Venid, bailad conmigo, que ya puedo arrimar la cintura bien, que puedo mover los pasos a vuestro aire hermoso! ¡Águedas, aguedicas, decidles que me dejen bailar con ellos, que yo soy del pueblo, soy un vecino más, decid a todos que he esperado este día toda la vida! Oídlo. Óyeme tú, que ahora pasas al lado mío y un momento, sin darte cuenta, miras a lo alto y a tu corazón baja el baile eterno de Águedas del mundo, óyeme tú, que sabes que se acaba la fiesta y no la puedes guardar en casa como un limpio apero, y se te va, y ya nunca... tú, que pisas la tierra y aprietas tu pareja, y bailas, bailas.