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Poema.es

De la propensión a los silencios largos

Llena de oscuridad mi boca es una piedra en su inmovilidad oculta a los absurdos. Huyo de mi lengua como de la ira espanto las palabras para que no se posen en el labio del niño que duerme ignorando catástrofes y circos. Las espinas de lo dicho inundan la enorme gravedad del participio y ningún verbo es voluntario para rescatar el juicio o el prejuicio. Acomodada entonces en mi oficio transitorio de partícula voy pareciéndome a la noche protectora de ensombrecidos seres que mataron el hambre con acentos y calmaron su sed en los sepulcros. El silencio es un pez en mi cabeza felizmente alimentado con todas las palabras que no dije.