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Adonay amante

La primavera tenga piel gitana y hable Dios con verso apasionado. De mí no quede ya sino aquel viento con que voló la alondra de mi canto. Rugir de mar impuro y marineros cuya nostalgia culpan a los astros. Olor a sal, a crisantemos muertos y a tu partida tuvo aquel verano. Tan blanca como la mujer más blanca yo me quedé y un viento desbocado me descalzó y bajó a mis pies la noche. El agua entonces era vino amargo. Mas tengan boca fresca las violetas y diga la mujer el nombre amado. Las rosas buscan trenzas que ponerse y tanto amor, para acostarse, pasto.