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Aunque sopló tus párpados...

Aunque sopló tus párpados la muerte el aire de tus odas sigue puro, por eso te converso en esta tarde Neruda, hermano, y traigo en mi saludo la letra titilante de la brisa, la hiedra vigorosa de los muros, las siete vanidades del zafiro, y las pestañas de mi amor desnudo. La paja de las cosas más sencillas subió por tu palabra haciendo un humo con que llenaste casas y poblados. Y a aquella hoguera no faltó ninguno. Y a quien no fue me puse a hablar de ti. Le sigo hablando en este soplo y pulso. Ya todos aprendieron tu lección de rosa roja en un cerrado puño. Los niños te saludan. Canta el agua con tu canción. Y luego le hace dúo aquel silbido de las verdes piedras por las que sopla el cuerno de los juncos. Adiós. Buen día. Que descanses, Pablo. Tu amigo y tu enemigo están de luto por ti calientemente muerto ayer. ¡Y sin embargo vivo cual ninguno!