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El mar tú visitabas...

El mar tú visitabas; le decías lo que le dice el hombre a una muchacha. En tardes pasajeras del verano de novio te pusiste con sus algas. No se sorprenda nadie; es tan común que rompa su cadena, enamorada de algún poeta triste, alguna ola para tumbarse luego en libres playas. También tus novias fueron las estrellas caídas de su altura en la mañana, y la esmeralda noble de las minas que mira por los ojos de las gravas. Entonces los poetas eran novios de las mujeres frágiles y blancas. Mas tú, morado de alegría diste tu corazón al fuego y a la escarcha, a la cintura azul del universo, al fondo y las alturas de las aguas. Te fue muy lacio, muy sencillo amar, tan libres de las penas como estabas. Abrigo diste al cielo y a la tierra con la crujiente sal de tus palabras. Hubiera yo querido, dulce Pablo, por una vez, también, ser tu muchacha.