📜
Poema.es

El verdadero mundo

Recuerdo el viento claro de otras tardes. Tocando castañuelas prodigiosas le daba larga cuerda a mi niñez. Yo le pasaba alegre mis cabellos, mi falda, y él, jugando, se los daba al perro que ladraba tras de mí. Correr, reír, morir de golpe sobre el liso pasto, la colina aquella, el verdadero mundo a la intemperie en donde el sol echaba mil monedas. Después, de flores sucia todavía, volver a la casona mansamente. Mi voz quedó colgada de las ramas. Mis ojos se vaciaron en garúas. También perdí mi nombre. ¡Nada! ¡Nadie! Soy yo sin la niñez de mi alegría.